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Hillary Clinton da plantón al "Vogue"

Idoia Noain, de El Periódico de Cataluña, escribe desde Nueva York este artículo:

Hillary Clinton planta al “Vogue” por miedo a salir “demasiado femenina”

Esta historia podría titularse cómo ser mujer, candidata a la Casa Blanca y no morir en el intento. Y es que las serias posibilidades de Hillary Clinton de convertirse en la primera mujer presidenta de Estados Unidos han colocado a la senadora y exprimera dama en el centro de numerosas discusiones sobre género, poder, feminidad, feminismo y machismo, debates que se han intensificado por un ataque lanzado contra Clinton por Anna Wintour, directora de la edición estadounidense de Vogue. Para entender el último capítulo de esta inédita saga hay que remontarse al otoño. Vogue tenía decidido entonces que daría la portada de su número de febrero a Clinton. Las cámaras de Annie Leibovitz estaban listas para una sesión de fotos y Julia Reed calentaba su ordenador para escribir el artículo principal. En el último momento, desde la oficina de campaña de la candidata demócrata se canceló la sesión de fotos con el argumento, según Wintour, de que Clinton temía aparecer “demasiado femenina”.

“Esto no es Arabia Saudí”
“Imaginen mi sorpresa”, escribe la directora de la revista en el número de febrero (que ha acabado colocando en su portada a la actriz Kate Bosworth). “La noción de que una mujer contemporánea debe tener un aspecto masculino para ser tomada en serio en su búsqueda de poder provoca francamente consternación. ¿Cómo ha llegado a esto nuestra cultura? (…) Esto es América, no Arabia Saudí. Y estamos también en el 2008”. Wintour escribe enfadada y su mensaje ha provocado en internet una oleada de comentarios a favor y en contra. Y lo que demuestra es cómo la candidatura de Clinton ha puesto sobre la mesa elementos de debate hasta ahora ignorados. La cancelación de la sesión de fotos con Vogue ocurrió mucho antes de que a Hillary Clinton se le empañaran los ojos en un acto electoral, unas lágrimas (que nunca llegaron a recorrer sus mejillas) que se convirtieron durante días en objeto de discusiones y análisis. Muchos analistas –sobre todo conservadores– consideraron el momento como impostado. Muchos otros consideraron que la candidata, generalmente retratada como una mujer fría y ambiciosa, había mostrado un lado humano que la ayudó a conseguir una victoria en las primarias de New Hampshire. Ni unos ni otros podían demostrar sus afirmaciones.
No son las primeras ocasiones en que aspectos de la feminidad de Hillary Clinton son cuestionados. El verano pasado, por ejemplo, The Washington Post publicó un amplio artículo centrado en un escote que había lucido en un debate en el Senado (una Cámara donde las mujeres no tuvieron permitido llevar pantalones hasta principios de los 90). El escote era discreto, pero más generoso que en otras ocasiones. Y el Post llegó a asegurar, para indignación de muchos, que “mostrar escote en un escenario que no está relacionado con cocktails y aperitivos es una provocación”.

Más recientemente, el discreto terremoto mediático y analítico lo provocó una fotografía de Associated Press, donde las ojeras y arrugas de una Hillary Clinton sin maquillar dejaban en evidencia los efectos de una frenética campaña en una mujer de 60 años. No hay imágenes así de los candidatos masculinos –el resto– de ninguno de los dos partidos. Lo indiscutible para Hillary Clinton es su condición icónica. En 1993 se convirtió en la primera primera dama que ocupaba una portada de Vogue. Pero ya incluso entonces aquella sesión de fotos con Annie Leibovitz desató una oleada de comentarios. La entonces portavoz de Clinton, Lisa Caputo, defendió que las fotos de Leibovitz son “obras de arte”. Y en The New York Times Maureen Dowd escribió una pieza con algunas de las cuestiones que resuenan hoy. “¿Ayudan fotos como esas a sacudir prejuicios (…) de que las mujeres con estilo no pueden ser tomadas en serio (…) o reviven viejas asunciones de que las mujeres con logros quieren secretamente ser deseadas como bellos objetos?”

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