La diplomacia tecnológica, una respuesta necesaria ante el desarrollo digital

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La diplomacia tecnológica, una respuesta necesaria ante el desarrollo digital

 

El Gobierno danés anunció hace algo más de un año que iba a nombrar a un Embajador “digital”. Fue el Ministro de Exteriores danés, Anders Samuelsen, quien hizo el anuncio y lo razonó asegurando que los gigantes tecnológicos -las llamadas FANG (Facebook, Amazon, Netflix y Google)– tenían tanto o más poder e influencia en Dinamarca que muchos estados, de forma que su Gobierno había decidido innovar abriendo una nueva vía de relación con ellos.

Efectivamente, unos meses después Casper Klynge, diplomático de carrera que hasta entonces había encabezado la representación de Dinamarca en Yakarta, se preparaba para abrir la primera delegación diplomática de estas características en el mundo. ¿Y dónde situarla? En Silicon Valley, el epicentro del desarrollo digital empresarial de Occidente. Ahí comenzó a funcionar el pasado verano esta Embajada  con el cometido de defender los intereses de Dinamarca, una misión común al resto de legaciones danesas repartidas por el mundo, pero con la particularidad de hacerlo ante empresas y con un ámbito de acción tan amplio como el digital y tecnológico.

Cuando el Gobierno danés hizo pública su intención de convertirse en el primer país con una Embajada Tecnológica, también mostró su convencimiento de que abría una vía que seguirían más pronto que tarde otros estados. “En el futuro, nuestras relaciones con Google serán tan importantes como las que mantengamos con Grecia“, reiteró Samuelsen entonces.

El tiempo no ha tardado en darle la razón. Más allá de que la función de Klynge pretende enfatizar el rol de su país en lo digital -Dinamarca presume de ser el país más digitalizado de la Unión Europa– y en facilitar nuevas vías de desarrollo, creación de empleo y riqueza en el ámbito tecnológico, las amenazas en el ámbito de la ciberseguridad y todo lo relacionado con las llamadas ‘fake news’ han añadido más valor a lo que algunos han dado en llamar ‘tecnodiplomacia’.

Si bien el Gobierno de España no ha llegado a crear una Embajada Tecnológica, sí cuenta desde hace poco más de un mes con una nueva Embajadora en Misión Especial para las Amenazas Híbridas y la Ciberseguridad. Al igual que en el caso danés, el cargo ha recaído en una diplomática de carrera, Julia Alicia Olmo y Romero, que con anterioridad ejerció como Embajadora ante las Repúblicas de Ghana, Togo y Angola, y estaba destinada como vocal asesora en el Gabinete de la Subsecretaria de Asuntos Exteriores y Cooperación.

El puesto que ocupa esta diplomática entronca directamente con la Estrategia de Seguridad Nacional definida en 2017, en la que se recoge por primera vez el desafío que suponen las amenazas híbridas. En concreto, el documento hace referencia a la ciberseguridad en el marco de la llamada ‘guerra híbrida’, y cita los ciberataques, las operaciones de manipulación de la información y elementos de presión económica, que apunta que se han manifestado “especialmente” en procesos electorales.

La iniciativa danesa y en un ámbito más específico la española ponen de manifiesto cómo el desarrollo tecnológico y digital supone un auténtico desafío a los estados, que deben afrontar desde un punto de vista geoestratégico los cambios derivados de los avances de la inteligencia artificial, la robótica, el ‘machine learning’ y el Big Data. Desafío que también han de abordar las empresas y organizaciones, algo para lo que estarán mejor preparadas aquellas que estén introduciendo en sus estructuras la Inteligencia Económica.

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