Consejos para la redacción de un buen discurso

En un mundo saturado de información, con miles de mensajes tratando de hacerse un hueco en nuestra mente, captar y mantener la atención del oyente es cada vez más difícil, ¿cuáles son las claves para conseguirlo?

A raíz de un artículo aparecido en la revista Forbes, recopilamos algunos consejos para la redacción de discursos.

El mensaje: antes que nada hay que preguntarse cuál es el mensaje que se quiere transmitir y desarrollar el discurso en torno a él de manera clara y directa. En palabras de Nick Morgan, presidente de Public Words: “La gente no suele recordar muchas de las cosas que escucha; céntrate y apuesta por lo simple”.  Hay que elegir un mensaje, una única idea que se quiera transmitir a la audiencia, y convertirla en el epicentro del discurso.

La estructura: poco se ha innovado en este aspecto. Aunque pueden distinguirse otras partes, un buen discurso tiene que tener, como cualquier gran relato, tres elementos perfectamente diferenciados: una introducción, un desarrollo y una conclusión. El ser humano está acostumbrado a esta estructura, empleada desde hace siglos en cuentos, mitos y leyendas.

Las anécdotas: ya hemos hablado en este blog de la importancia de los relatos. El storytelling es uno de los recursos más efectivos en el campo de los discursos. Si cuentas un par de buenas anécdotas y ejemplificas tu mensaje con una historia memorable, el público lo recordará para siempre. La sorpresa y el suspense, que tanto gustan en el cine y la literatura, captan y mantienen la atención del oyente. Conviene recordar que el ser humano es “cotilla” por naturaleza; le encanta saber cómo terminan las historias.

Las imágenes visuales: una vez más vuelve a aparecer el concepto de homo videns, acuñado por Sartori. Nuestros procesos de comprensión y cognición se basan, cada vez más, en la imagen. Por ello, generar imágenes mentales a través del lenguaje verbal dotará al discurso de una mayor pregnancia. Obama es todo un experto en ello.

El lenguaje corporal: el ser humano se comunica, principalmente, a través de la comunicación no verbal. Los gestos, las miradas, la postura transmiten más que cualquier palabra. Se puede practicar y aprender trucos para controlar el lenguaje corporal, pero al final, “la clave es la autenticidad”. El público percibirá el nerviosismo, la preocupación o la seguridad. Lo mejor que se puede hacer es tratar de disfrutar con la experiencia: “Si puedes relajarte y alegrarte de estar ahí, la audiencia se sentirá así también”.

El tiempo: el tiempo que la gente está dispuesta a dedicar a escuchar un mensaje es limitado. Si se prepara un discurso de una hora, a partir del minuto veinte nadie estará ya escuchando.  Morgan recomienda saltarse las formalidades, los saludos institucionales: “Comienza con una historia-marco que revele cuál es el tema que va a tratarse sin desvelarlo todo, con una estadística, una pregunta o una forma de interacción con la audiencia”.

Como ejemplo de todo ello, basta visitar el archifamoso discurso de Steve Jobs en la Universidad de Stanford, citado en las primeras líneas del artículo, y aclamado por logógrafos de todo el mundo.

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