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A raíz de las últimas elecciones regionales en Francia e Italia, que han supuesto un varapalo para Sarkozy y un soplo de aire fresco para Berlusconi respectivamente, hemos oído que la abstención relativiza una derrota o deslegitima una elección. Hemos escuchado incluso que la abstención puede otorgar una victoria. Sorprende el peso que se le atribuye a una acción aparentemente pasiva como la de no ir a votar.

La abstención puede decidir unas elecciones

La abstención puede decidir unas elecciones

Los estudios son unánimes en que, aunque las causas de la abstención son difíciles de determinar, suelen responder a tres motivos: sociodemográficos (acceso a los lugares de votación), psicológicos (apatía o indiferencia) o políticos (desilusión del electorado)

Como refleja el blog del Geógrafo subjetivo en un post de junio de 2009 la abstención se convierte en factor determinante cuando se localiza en grupos específicos de votantes. La previsión de una abstención generalizada de un sector sociodemográfico puede hacer que las elecciones, y antes, las campañas electorales, cambien de color. En el Postgrado de Dirección de Campañas Electorales explicaba César Martínez cómo el voto inmigrante dio a George Bush un impulso imprescindible para derrotar a Kerry en las presidenciales de 2004. Y también hemos sido testigos de cómo en 2008 Obama movilizó, entre otros, a un electorado joven para hacerse con las ‘elecciones del cambio’.

Volviendo sobre ‘Geografía subjetiva’, los políticos necesitan ganar elecciones para gobernar. Y parte del trabajo que debe preceder a una campaña electoral consiste en poner cara e intenciones a las bolsas de votantes.

Dentro de ese trabajo, una de las preguntas que toda campaña debe hacerse una pregunta sobre la posibilidad de la abstención. ¿Qué hacer con ella? ¿Se puede movilizar al electorado abstencionista? Dentro del caótico equilibrio de energías invertidas que supone una campaña ¿se debe invertir en ese sector?

Con este spot la organización independiente americana PSA invitaba a los norteamericanos a votar en las elecciones de noviembre de 2008.

La movilización de un electorado aletargado es una de las tareas más complicadas de la comunicación y la consultoría política. A menudo será necesario apelar a emociones que ocupan lugares opuestos en los electores: el miedo o la esperanza (como opuesta a la desesperación) son palabras claves en el diseño del posicionamiento de un candidato que quiera movilizar a los votantes abstencionistas.

3 Comments

  1. Buena entrada.
    Si bien Manuel Justel (2001: La abstención en España 1977-1993) establece más tipos de abstención como las involuntarias individuales: factores como las ausencias, enfermedades, incapacidades físicas… aunque su cuantía la sitúa entorno al 5-8% (p. 343)

    Por otro lado, coincido en que la apelación emocional suele ser una constante en el intento de movilización. De hecho, eso pretendió el PSOE en su campaña electoral para las últimas elecciones europeas, con videos que identificaban a la derecha con posiciones insensibles, elitistas, xenófobas… Sin duda, pretendiendo establecer “frames”, como diría Lakoff. Lo analicé en:

    http://ecomnomia.wordpress.com/2009/06/10/32/

    ¡Un saludo!

  2. […] Una iniciativa con la que el partido laborista pretendía hacerse eco del outsourcing creativo tan de moda en esta generación web mientras disparaba contra el corazón de las emociones que mueven al electorado de la izquierda: el miedo al conservadurismo (hablábamos de esta técnica hace apenas unos días) […]

  3. El Tato dice:

    Llevamos ya bastantes años con Parlamento. Hay ya una perspectiva histórica para ver lo que pasa: dos grandes partidos cocinan todo. Tienen hecha una ley electoral a su medida y han convencido a muchos de que “el voto útil” es el que se les da a ellos. Así pueden hacer lo que quieran, como hacen. No tienen oposición y “hoy por ti, mañana por mi” se dicen, sabedores de que así va a ser. El pobre ciudadano de a pie no cuenta para nada más que no sea su voto. Luego se legisla para beneficio de los grandes capitales (el “cheque bebé” y similares son medidas de compra de voto como lo eran las mantas que se repartían en los años 30. En la práctica son un derroche que no redistribuye riqueza). El paro, los bajos salarios, la corrupción, lo realmente importante, lo que afecta a la mayoría de los ciudadanos, a ellos les trae sin cuidado.
    Yo propongo que, en vez de abstenerse, o votar en blanco, en cada provincia se vote la “tercer alternativa”, es decir, al tercer partido más votado en otros procesos. Aunque dicho tercer partido siga sin alcanzar representación, al menos se les estará diciendo a los dos grandes que no estamos con ellos, con su teatral política de enfrentamiento de cara al público pero de mano a mano en la realidad.

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