
El Congreso de Los Diputados publica en su web el resultado del Registro de Intereses y Actividades de los diputados.

El carisma es una cualidad difícil de definir, y, de la misma manera, complicada de manufacturar. Pero ¿se puede entrenar el carisma?

En campaña no hay que apuntar a los puntos débiles del rival: hay que coger sus puntos fuertes y hacerlos propios. En eso consiste la triangulación.

La política exterior puede ser, ciertamente, dramática. Pero ¿puede ser también cómica o romántica? La revista FP hace su quiniela cinéfilo-política.

César Martínez estuvo estos días en Madrid para participar en nuestro PDC2010.

La especialidad de Steve Jobs siempre han sido los detalles. Apple no es sólo puntera en tecnología, sino también en creatividad y diseño de marca.
Publicado por: masconsulting el: 10 Julio 2009
Rahaf Harfoush es una joven canadiense de 25 años que se presenta como Social Media Strategist (estratega de medios sociales) que comparte nombre exótico con el que fuera su jefe durante unos meses a finales de 2008: Barack Obama. El jueves 9 ofreció una charla en la Fundación Telefónica, la segunda que presenta en España en unos meses, basada en los contenidos del libro ‘Yes We Did’ que escribió a partir de la experiencia que supuso ser un engranaje en la maquinaria mediática más eficaz del siglo XXI.Medios y especialistas la recibieron como se merece (¿o no?) cualquier persona que viviera de cerca el advenimiento del presidente de EEUU.
Las líneas básicas de su charla las resumimos en este mismo blog de la mano de Xavier Peytibi. Hoy nos centraremos en uno de los aspectos. Pero antes…
El miércoles pasado, Google anunció que a mediados de 2010 el mundo vería su última creación: Chrome OS. Un sistema operativo que amenaza al todopoderoso Windows, apuntando a sus mismos cimientos. Chrome OS aspira a ser más rápido, sencillo y seguro, basándose en unn fórmula que los de Mountain View (la evolución de Silicon Valley) llevan años explotando con éxito: el cloud computing o cloudware. El cloudware, se presenta como el sucesor del software, y está presente en herramientas como Google Dos, Google Maps, o cualquier cuenta de correo electrónico gratuita.
Cloudware VS. software
Se trata de programas que no requieren instalación en el ordenador y que operan online, con el ahorro que eso supone en exigencias de procesador y memoria. Si, además de eso, Chrome OS se presenta como gratuito y en código abierto, Microsoft, los creadores de Windows, el paquete Office y demás imprescindibles de cualquier PC, debe prepararse para el cliché: reciclarse o morir.
Cloudware gratuito y de código abierto: cualquier desarrollador o programador puede aportar su trabajo y creatividad a la mejora del sistema operativo. El usuario medio sólo tendrá que aprender a navegar en busca de aplicaciones y aprender a instalarlas, y el sistema operativo irá evolucionando de una manera orgánica, paulatina y a la carta.
Pero volvamos a Obama.
Rahaf Harfoush ha provocado una oleada de artículos en la red. Pueden informarse detalladamente de sus aportaciones y contenido aquí o aquí. Pero lo que nos ocupa tiene que ver con uno sólo de los apartados de su intervención.
Harfoush, en su presentación, no se cansó de insistir en que las redes sociales no ganaron las elecciones, sino que fueron las personas. Pero el grado de implicación de las personas es variable. Y desde este punto de vista abordó la estrategia el equipo de Obama.
“Hay que tener cuidado con las estadísticas”, afirma Harfoush refiriéndose a quienes se jactan de tener miles de amigos en las redes sociales. “Puedes tener 150.000 amigos que no te ayuden… 50 personas que participen hacen más que 100.000 que no”.
Para esas cincuenta personas, el equipo de campaña se encargó de diseñar herramientas específicas: aplicaciones de iPhone y Google Maps o una herramienta dentro de la red social MyBO que concedía una puntuación a los usuarios en función de su implicación en la campaña. La persona que más llamadas telefónicas hiciera, más eventos organizara, llamara a más puertas…obtendría formación específica o entrevistas con miembros del staff llegando hasta los Davids, Plouffe y Axelrod.
Cualquier persona que lo deseara podía descargarse un widget e incrustarlo en su blog o página personal a través del cual exponía sus motivos para votar a Barack Obama, y desde el cual se podían hacer donaciones. Los ciudadanos tenían a menudo la sensación, contaba Harfoush, de que votar a Obama era ayudar a su vecino, más que apoyar a un determinado candidato electoral.
Cerrando el círculo, Barack Obama se presentó como un candidato ‘de código abierto’. Cualquier votante podía apropiarse de sus sueños y darle forma a la campaña electoral. “Embrace the unexpected”, decía Harfoush. Aceptar lo inesperado. Dejar que la gente despliegue toda su creatividad porque, como dijo Obama en un discurso, y como quedó reflejado en grafittis por EEUU: “No os estoy pidiendo que creáis en mi capacidad de llevar el cambio a Washington; os pido que creáis en la vuestra”.
Tanto Google como Obama han permitido que la gente se atreva a formar parte de la marca. Haciendo un durísimo ejercicio de apertura, que siempre provocará recelos, se han lanzado a la piscina de la creación participativa, provocando un cambio de paradigma.
En el caso de Google, la revolución es económica: el modelo de Microsoft queda en entredicho. La compra-venta de programas se queda obsoleta, y emerge un mercado puramente publicitario. Chrome OS se convierte en un macro escenario para anunciantes.
Obama también ha cambiado la política. Nunca pidió que nadie comprara sus ideas: se ofreció a ser el cauce por el que transcurrieran las preocupaciones de los americanos. Y esa apuesta, democrática y atrevida, fue la que ganó las elecciones.
Algunos datos de la campaña de Obama (extraídos de La Gaceta de los Negocios)
